Mi esposa estaba embarazada de nuestro primer hijo, tenia más o menos 6 meses de embarazo, y no tenia mucho apetito sexual, no quería absolutamente nada.
Era verano y había un recital que mi cuñadita Paola de 19 años quería ir, como no le daban permiso intercedí por ella ante mi suegra y le conseguí permiso acompañándola esa noche. Todo trascurrió en forma normal, cuando terminó nos vinimos a mi casa, ella durmió en una cama que mi esposa le había preparado.
Al otro día en la mañana, mi esposa salia a su trabajo, quedándome solo en casa con ella, mil cosas pasaban por mi mente en esos momentos, hasta que por fin decidí, y hasta hoy no me arrepiento de nada, de abordarla en su cama.
Al principio le di un suave beso en los labios que ella aparentemente no sintió, luego la destapé y empecé a jugar con mis manos sobre su blusa, tocando sus pequeños pero firmes pechos. Luego que ella se despertó aturdida por la situación, se trató de cubrir pero lo único que consiguió fue que yo me acostara sobre ella y forcejeara algo con ella. Poco a poco fue cediendo, hasta que logré sacar su blusa y su tanga, comensando a besarla por todo su cuerpo, su piel tersa y blanca, era muy rica, como un sueño, rápidamente recorrí su cuerpo hasta llegar hasta su entrepierna y comenzar a besar sus labios menores y entretener con mi lengua su clítoris, pronto ella también se sumó al juego, tomándome la cabeza por mi nuca y refregándome contra ella, cambio su jadeo por unos aahh! aahh!! que no se si los vecinos oirían.
Estaba realmente excitada (y yo más aún), pronto comenzó a humedecerse hasta que logré llenar mi boca de sus ricos jugos calientes, salí de ahí, logrando llevar sus piernas a mis hombros la penetré suavemente al principio y con cierto frenesí luego, con miedo de no terminar dentro de ella, me detuve por unos momentos para que ella con sus manos tocará y jugara con mi miembro con un rico sube y baja comenzó a masturbarme, ahora el que aullaba era yo. En eso comenzó lo increíble, avanzó su cabeza hacia mi miembro y comenzó a besarlo primero, para después pasarle la lengua como a un dulce y por ultimo como broche de oro lo hizo desaparecer en su rica boquita logrando que se reventara en un chorro de leche que saltó por sobre su cara, su pelo, la cama. Fue sencillamente fantástico e increíble pero no fue el único, luego hubieron mas contactos, de los cuales les contaré más adelante.
ESCRITO POR: Beto.